El pasado lunes 24 de febrero representamos en clase una
escena de algo que nos gustaría cambiar en la universidad porque no estamos de
acuerdo con cómo se hace o se lleva a cabo. En nuestro caso, el anterior cuatrimestre dábamos clase en
un aula con menos sillas que personas éramos por lo que, en muchas ocasiones,
teníamos que perder tiempo en ir a buscar sillas supletorias, quedarnos de pie
o incluso sentarnos en el suelo. Nos quejábamos mucho de esta situación y, sin
embargo, no hicimos nada para cambiarla.
Por ello, representamos una pequeña escenificación de una
clase en la que faltaban sillas. De esta manera, expresamos nuestro descontento
de una manera amena y divertida. La segunda parte de la obra era terminarla
cambiando una parte de ésta para que el problema se solucionase. Así pues, salieron
varios voluntarios de clase a escena, ya que era un tipo de teatro sin paredes,
e intervinieron para cambiar una parte de la obra y solucionar el problema.
Fue una práctica muy divertida porque aprendimos a solucionar
nuestros propios problemas y los representados por el resto de grupos siendo
espectadores de éstos y apreciándolos desde un punto de vista intermedio y
objetivo.
Tras todas las obras de los grupos, hicimos un pequeño
debate muy interesante acerca de nuestras quejas y nuestra implicación para cambiar
estos problemas. En numerosas ocasiones nos quejamos de lo que nos parece que
está mal pero no nos involucramos lo suficiente en su resolución, por diversas
causas como pereza, falta de tiempo, miedo, etc. Muchas veces se habla de “cambiar
el mundo”, pero deberíamos empezar por cambiar las pequeñas cosas que nos
rodean a cada uno y así, poco a poco, llegar a cambiar la realidad que nos
rodea.


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